Historias de San Luis: las pensiones del amor

Antes de la existencia de los albergues transitorios, las parejas encontraban alternativas menos discretas para unirse en lugares como las «pensiones del amor». Estos establecimientos no se escondían entre el anonimato; todos sabían cuándo entrabas y salías. Además, debías pagar anticipadamente y presentar tus documentos a veces.

La gran ventaja de los albergues actuales es la discreción; puedes entrar directamente en tu vehículo sin necesidad de mostrar nada. Sin embargo, la historia del amor clandestino lleva sus raíces en este tipo de pensiones y hoteles. Antes, las parejas debían enfrentar el desafío de registrar su estancia en libros para evitar inspecciones.

Entre los lugares famosos que prestaban estos servicios figuran el residencial del árbitro de boxeo, el del kiosquero y el cercano a la cancha. Algunos eran frecuentados por clientes fijos que preferían evadir el control de los conserjes. También era común que las personas del oficio más antiguo llevaran a sus clientes a estos lugares con mucha reserva.

En aquel entonces, algunos lugares eran conocidos por su precio, pero la comodidad variaba: el gremialista estaba equipado con camas de cemento y compartimentos para baños. Sin embargo, su ubicación estratégica lo hacía atractivo para parejas que deseaban mantenerse fuera del radar público.

Con info e imagen de El Chorrillero.